EL HÉROE QUE DOMÓ A PEGASO

Belerofonte y la Quimera. kilyx . VI a.C. M. P. Getty
LAS HAZAÑAS DE BELEROFONTE

Si saliéramos a la calle y preguntáramos quién fue Pegaso, seguro que incluso aquellos con pocos conocimientos de mitología responderían correctamente, sí además preguntáramos quién fue Perseo, la mayoría de los que respondieron correctamente a la primera pregunta asociarían al héroe griego con el caballo alado, pero sí preguntáramos quién fue Belerofonte, salvo los aficionados a la mitología, el resto contestarían con algo como ¿Belero que? Pues hoy vamos a poner a nuestro héroe en su lugar, contar como fue él y no Perseo quién domó a Pegaso, y realizó otras hazañas dignas de ser recordadas aunque no, según los cineastas, de ser llevadas a las pantallas.

Belerofonte. 1829.  A. Ivanov
Como todo héroe griego que se precie, Belerofonte tiene un origen divino, pues aunque su madre era Eurímide, la esposa del rey de Corinto, Glauco, ésta tuvo un hijo con el dios Poseidón, aunque por supuesto le atribuyó la paternidad al rey, y así todos contentos. El nombre del niño era Hiponoo o Leofontes, que sobre eso no se ponen de acuerdo las fuentes; pero en su juventud mató a un tal Bélero, un tirano de Corinto, y le cambiaron el nombre por otro más descriptivo, "El matador de Bélero", es decir Belefontes. Otros afirman que mató por accidente a un hermano suyo, y por ello tuvo que abandonar su ciudad natal. Y como era tradición entonces el asesino tenía que buscar la purificación de sus crímenes poniéndose en manos del rey de otra ciudad. Por ello Belerofontes acudió a Tirinto donde reinaba por aquel entonces un tal Preto.

En la corte de Preto el muchacho enamora sin pretenderlo a la reina, que intenta por todos los medios que el joven le de una alegría al cuerpo, vamos que se acueste con ella, pero Belerofonte la rechaza castamente, y como es lógico incurre en la ira real. La despechada se va a ver a su marido para quejarse de que el huésped al que acaba de purificar ha intentado violarla. El rey se traga la historia de la buena pieza de su mujer, pero como está atado por las leyes de la hospitalidad (xenia) decide que sea otro quien le haga el trabajo sucio. Preto envía a Belerofonte a la corte de su suegro, papá de la supuesta violada, Yobates de Licia. El joven lleva una carta de recomendación para que en el nuevo país lo acojan bien, aunque en realidad la carta sellada pide al rey Yobates que mate al joven violador. 

Quimera de Arezzo. Bronce etrusco. 400 a.C. aprox. Florencia 
Cuando el errante joven llega a Licia es bien acogido por  el rey que cumple con todos los ritos establecidos de hospitalidad antes de leer la carta que le envía su yerno.  Entonces se da cuenta que es demasiado tarde para matar él mismo a quien ha prometido refugio y seguridad, so pena de incurrir en la ira de los dioses. Pero entonces se le ocurre la brillante idea de encargarle una tarea imposible, matar a un feroz monstruo que asolaba el país. Sí el muchacho muere, que es lo esperado, todos contentos, y el honor de su hija a salvo; y si por una casualidad sobrevive le habrá hecho el favor de librarlo de una fiera, demostrando de paso que es un elegido de los dioses. La misión es de las que se volverán legendarias: matar a la Quimera.

Pero la Quimera no era un monstruo cualquiera, como hija de Tifón y Equidna, era un compendio de animales en una mezcla aterradora, cabeza de cabra que además escupe fuego, cuerpo de león, y cola de serpiente. Otros afirman que la fiera tenía en realidad tres cabeza: una de cabra, otra de león, y una tercera en la cola de serpiente o de dragón, y al menos una de ellas escupía fuego. Por si su terrible aspecto no fuera suficiente, además era bastante rápida lo que complicaba aún más la lucha contra el animal.

Belerofonte contra la Quimera. 425-420 a.C. M. Atenas
El guerrero corintio informado del animalillo con el que se tenía que enfrentar, decidió muy sabiamente consultar con un adivino para que le dijese la mejor forma de afrontar la hazaña. Poliido, que así se llamaba el consultado, le aconsejó atrapar a Pegaso, un caballo alado que le ayudaría en su misión. El héroe que había visto al animal abrevar en un fuente cerca de Corinto, la fuente Pirene, y sabía lo indomable que se mostraba el animal, no tenía ni idea de como capturarlo. De nuevo fue el adivino quien le aconsejó que pidiera ayuda a los dioses. Belerofonte reza a Atenea quien seguramente aleccionada por Poseidón, supuesto padre del muchacho, entrega unas bridas de oro al héroe para que pueda cazar a Pegaso. Cuando Belerofonte llegó al bebedero del caballo tuvo que ponerle a éste la brida, pero tan pronto lo consiguió, el animal se mostró dócil, y se dejo montar por su captor. Ahora sí, Belerofonte estaba preparado para ir a enfrentarse con Quimera.

Beleronte vs. Quimera. J. Schaller. M. Viena
Cabalgando sobre su montura alada Belerofonte atacó a la Quimera disparándole flechas sin conseguir terminar con ella, pues el mismo fuego escupido por la fiera las quemaba antes de que siquiera llegaran a tocarla. Visto lo cual el héroe empleó su verdadero plan, arrojarle a la boca una lanza de punta de plomo que había preparado para tal efecto. El animal intentó quemar la lanza pero el plomo se derritió y penetró por su boca abierta abrasándole las entrañas.

Cuando se presentó vencedor ante el rey Yobates, éste en lugar de mostrarse contentó se sintió obligado a cumplir la promesa hecha a su yerno de eliminar al invitado. Para ello el encargó una nueva misión, esperando que otros le resolvieran el problema. Lo envió a combatir a los sólimos, un brutal pueblo de Asia Menor. La orden era masacrar a los bárbaros, y el guerrero cumplió la misión eliminando a los brutales sólimos y a su rey, aunque alguno debió de sobrevivir, porque años después un nuevo rey de los sólimos se tomaría venganza matando a uno de los hijos de Belerofonte, Isandro.

Pero el honor de la hija del rey aún no estaba reparado, y Yobates volvió a encargarle otro difícil combate. Ahora debía de enfrentarse a las feroces amazonas. Desde el aire, y como si de un moderno bombardero se tratara, Belerofontes se dedicó a arrojar piedras a las guerreras hasta que terminó con ellas.

Belerofonte y Pegaso. Friso de un sarcófago. s.X
Derrotadas las amazonas aún le esperaba una nueva prueba al héroe, el rey licio lo envió ahora a derrotar a un pirata cariano que asolaba las costas de su reino, un tal Quimarro. Según Plutarco está fue la aventura real que se ocultaba tras el mito de la Quimera. Un héroe local llamado Belerofonte, comisionado por el rey, persiguió a un pirata a bordo de un veloz navío denominado Pegaso, atacó la nave del enemigo, y lo envió al fondo de los mares. La nave de Quimarro lucía un león en la popa como emblema, y una serpiente en la proa.

Al regresar de nuevo le esperaba la traición y el desagradecimiento pues el rey cansado de que los demás fallaran en eliminar al persistente Belerofonte, le preparó una emboscada con sus propios hombres. Pero de nuevo el indestructible Belerofonte sobrevive al peligro tras acabar con sus enemigos, eso sí con la ventaja de poseer una montura alada. Ni siquiera los guardias de palacio pueden terminar con el victorioso héroe

Belerofonte y Pegaso. Fresco.1757.Tiepolo.Villa Pisani
Ahora Belerofonte ya no puede dudar de la mala fe de su anfitrión, y reza a su padre Poseidón para que le de una escarmiento al rey, o que al menos deje sus tierras y sus campos infértiles por una temporada. El dios responde y una enorme ola se alza desde el mar invade la llanura, arrasa los campos, lo inunda todo, y llega al palacio. Todos hubieran perecido si las mujeres de palacio horrorizadas no hubieran suplicado la clemencia de Belerofonte, que imaginamos contemplaba el desastre desde lo alto montado en Pegaso. Ellas se ofrecían levantándose las faldas para que las tomara y a cambio salvara a los suyos. Belerofonte, parece ser que sin usar el derecho de pernada, suplicó de nuevo al dios del mar, y la inundación cesó. Para algunos la realidad fue que el héroe al no ser recompensado tras su vuelta de derrotar al pirata, destruyó las presas que separaban los campos fértiles de la zona del mar, y que estaban por debajo del nivel de éste.

El rey, al ver que el muchacho era verdaderamente un elegido de los dioses, le dio las oportunas explicaciones, le enseñó la carta acusadora, y hechas las paces tras creer la inocencia del joven, le entregó en matrimonio a una de sus hijas, y como dote la mitad de su reino lleno de fértiles campos de cereales y viñedos. Del matrimonio nacieron tres hijos, Isandro, Hipóloco, y Laodamía. La esposa calumniadora de Preto dicen que se suicidó al enterarse de la exitosa boda de Belerofonte, sin embargo hubo quien dijo que el héroe se presentó en el palacio de Tirinto haciéndole creer a la reina que la amaba y que huiría con ella, luego la montó en Pegaso, partieron por los aires, y cuando estaban  sobre el mar la arrojó a las aguas sobre las rocas próximas a la costa para que no sobreviviera.

Fuegos del monte Quimera. Yanartas. Turquía.
Para algunos Quimera ni era un monstruo ni un pirata si no una montaña de origen volcánico cuyos fuegos secaban los frutos de la zona, y no dejaban plantar nada pues al no apagarse nunca hacían infecundas las tierras del contorno. Por tanto la inundación y los fuegos de la montaña Quimera irían relacionados. En esta versión sin embargo el héroe corta la montaña para apagar los fuegos. El Monte Quimera ha sido identificado como  Yanartas en Turquía, donde afloraciones de metano y otros gases salen a la superficie y pueden arder. Para estudiosos de la mitología Belerofonte sería el héroe colonizador que vació de alimañas el contorno, leones, serpientes, y cabras que se comían los cultivos, y que además apagó los cercanos fuegos del monte Quimera.

Pero volvamos a nuestro feliz héroe, casado, con hijos, y gobernando un próspero reino. Podíamos pensar que ya lo tenía todo. Pero pasó lo de siempre, ¿por qué él no iba a aspirar a lo más alto? Si siempre había triunfado en todas las empresas, que menos que tener un lugar al lado de los inmortales. Recordando viejas glorias, un maduro Belerofonte se monta en su caballo alado, Pegaso, y decide emprender su última hazaña, subir hasta el monte Olimpo a reclamar su justo lugar al lado de los dioses. El caballo comenzó a remontar el vuelo con su orgulloso jinete, pero Zeus, que había oído las jactancias del guerreo, no iba a permitir tamaña osadía. El padre de los dioses envió un tábano que picó a Pegaso en la grupa, éste se encabritó y derribó a su montura que se precipitó al vacío, estrellándose contra el suelo.

La caida de Belerofonte. Tobías Verhaecht (1561-1631).
Belerofonte nunca volvió a ser visto entre los mortales. Para algunos el antiguo héroe murió en la caída, para otros quedó cojo y ciego a resultas de las tremendas lesiones sufridas por el batacazo, y avergonzado nunca volvió a mostrarse a los ojos de los hombres.

Sin embargo el castigo de Belerofonte no acaba con su historia legendaria. Las invasiones de Grecia y la llegada de nuevos pueblos con sus propios héroes, fueron modificando la leyenda del héroe, su historia se fue desvirtuando, y sus hazañas se le atribuyeron a otros héroes legendarios, sobre todo a Perseo que prácticamente usurpó en época clásica el lugar que en edades más remotas tenía "El matador de Belero" auténtico domador de Pegaso.

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