POR UN QUITAME ALLÁ ESOS HUESOS

Edward Drinke Cope y Othniel Charles Marsh 
LA GUERRA DE LOS HUESOS

Las rivalidades y celos profesionales siempre han existido, y algunos hombres han confundido los avances de la humanidad con campos de su exclusiva propiedad, y más que personas de elevada inteligencia se comportaron como tristes buscadores de fama, que sin escrúpulos intentaron desprestigiar al colega, rival en sus estrechas mentes, utilizando todo tipo de malas artes. Pero es que el caso de los dos paleontólogos estadounidenses es de esos que crean escuela.  Cope y Marsh, que así se apellidaban los ilustres científicos, llegaron a una auténtica guerra personal en donde "el todo vale" llegó a convertirse en su forma de actuar. Pero antes de comentar la llamada "guerra de los huesos", veamos quiénes eran estos "simpáticos" hombres de ciencia.

Edward Drinker Cope
Edward Drinker Cope nació en 1840 en Filadelfia en el seno de una prospera familia, y arropado por un padre que se centró en darle una buena educación a su hijo. Edward desarrolló muy pronto afición por los animales y el dibujo, algo que le serviría años después. Alternó el tabajo en granjas con diversos estudios, al final consiguió que su padre le pagara clases en la Universidad de Pensilvania en los cursos de 1861 y 1862. Pronto destacó como naturalista y terminó dando clases de zoología en 1864 en el Haverford Collage. En 1864 durante un viaje por Europa conoció en Berlín a Othniel Charles Marsh, otro americano como él, interesado en la Historia Natural. Edward se convierte con 24 años en miembro de la Academia de las Ciencias Naturales. Es un firme partidario de la teoria evolutiva conocida como neolamarckismo, propugnada en su día por el científico Lamarck que afirmaba que la vida evolucionaba "por tanteo y sucesivamente".

Othniel Charles Marsh nació en 1831 en Nueva York en una familia de pocos recursos, pero con la ayuda de un tío cursó estudios en la Universidad de Yale donde se graduó. Terminó estudios de geología y minerología. Posteriormente en Berlín estudia anatomía y paleontología, y como hemos dicho conoce al que será su rival. Convenció a su tío de fundar un Museo de Historia Natural al frente del cual se pone él como director. Era un firme defensor de la teoría de la evolución de  Darwin, simplificando, la creencia en la supervivencia del más fuerte y por tanto en una selección natural.

Marsh y el jefe Nube Roja
Cuando se conocieron eran dos personalidades parecidas pero contrapuestas: ambos amaban las ciencias naturales, especialmente la paleontología, y el descubrimiento de especies nuevas, ambos eran de carácter fuerte. Pero mientras el primero venía de un ambiente acomodado, y por tanto de una sociedad en la que Marsh no tendría cabida, éste criado de forma más modesta, tenía más estudios que Cope al que posiblemente no dejaría de ver como un aficionado con suerte, pero desde luego no un profesional.

En un primer momento, aunque de ideas académicas diferentes en cuanto a las teorías de la evolución, al dedicarse ambos a desenterrar huesos de animales desaparecidos, el interés común les acercó y llegaron a bautizar especies con el nombre del otro en una especie de homenaje. Pero  de repente los dos hombres pasaron a odiarse y llegaron a una competencia feroz que incluía intentar ridiculizar al otro en los escritos que publicaban. ¿Qué había pasado?

El problema surgió cuando ambos fueron invitados a participar en una expedición de recolección de huesos en New Jersey. Los dos paleontólogos aún eran amigos, y aunque rivales mantenían ciertas formas. Pero Marsh, imaginamos que poco dispuesto a que un niño bonito poco profesional le hiciera sombra, fue el primero en romper la enemistad cordial cuando sobornó a un operario para que le llevara los fósiles a él en lugar de a Cope. Cuando se enteró el de Filadelfia el encono hacia su camarada de profesión fue ya irreversible. Cada artículo que uno u otro publicaban fuera de lo que fuera llevaba alguna que otra pulla hacia el rival. Las descalificaciones o intentos de desprestigiar al ahora enemigo iban creciendo, al tiempo que se establecía entre los dos una auténtica carrera por ver quien descubría más fósiles y nuevas especies a las que legar su nombre. Una auténtica locura que tuvo como consecuencia grandes descubrimientos paleontológicos y un auge en Norteamérica de esta disciplina como no se ha conocido en otras épocas.

Cope en su mesa de trabajo.
Cuando Cope presentó la reconstrucción del esqueleto de un Elasmosaurio, Marsh se apresuró a descubrir ante todos un error garrafal de su competidor, "había colocado la cabeza donde tenía que ir la cola". Cuando Cope consultó a otro experto que le confirmó la opinión de Marsh, y se percató del ridículo, intentó retirar las copias de los artículos donde presentaba la errónea reconstrucción, pero fue incapaz de retirarlas todas, entre otras cosas porque por supuesto Marsh tenía una; así encabezonado se empecinó en mantener su equivocada visión del Elasmosaurio (¿vendrá de ahí lo de tiene la cabeza en el culo?). La venganza de Cope no se haría esperar: "que tú me ridiculizas, pues yo cazo en tu territorio". Y es que como sucede aún hoy en día los investigadores de campo son muy territoriales y no permiten que colegas trabajen en zonas que ellos consideran propias. Cope no piensa respetar las zonas asignadas a Marsh, y recolecta fósiles en terrenos que trabajaba el otro. La guerra ha sido declarada.  

Marsh (en el centro de pie) con de la expedición de Yale. 1872 
En 1872 Cope se traslada a Wyoming a una zona con capas de fósiles del Eoceno, no duda en explorar y extraer fósiles de zonas que trabajaban otros compañeros, incluso llega a emplear a dos de los hombres de Marsh en las labores de extracción y trasporte del material obtenido. La confusión es tal que uno de los trabajadores de Marsh llega a enviar los huesos extraídos a Cope. Aunque Cope le reenvía los fósiles la desconfianza ya nunca cesará entre los dos. Para complicar la situación Marsh era de aquellos que les cuesta soltar el dinero, y sus obreros que nunca tenían contratos firmes con él, y además cobraban con retraso, solían ofrecer sus servicios al rival. Además Marsh solía dejar la excavación y recogida de fósiles a sus empleados y cada vez acudía con menos frecuencia en persona a los lugares de trabajo, hasta que abandonó las labores de campo. Por el contrario Cope dirigía personalmente las recogidas de fósiles.

El Elasmosaurio de la discordia. Academia de C. N. Filadelfia
El año 1873 fue especialmente prolífico. La rivalidad llevó a los paleontólogos a sacar a la luz más y más fósiles. Primero enviaban telegramas comunicando el descubrimiento para luego realizar la publicación donde describían la nueva especie encontrada. Claro que no siempre se encontraban nuevas especies fósiles, y muchos de los huesos pertenecían a especímenes descubiertos previamente por otros colegas. Sin embargo en un intento por alcanzar la gloria a Cope no le detenía que el fósil fuera de una nueva especie o no, para él siempre eran nuevos, y los bautizaba como tales. Marsh de forma más profesional solía catalogarlos según fueran o no nuevas especies. El resultado es que el segundo hacia mofa y burla del primero señalando sus errores de nomenclatura. Cope entonces contraatacaba afirmando que la clasificación de los fósiles del otro estaba mal hecha y proponiendo una nueva. Pero eso son rabietas de científicos caprichosos y ansiosos de fama. De momento las cosas se habían mantenido en el terreno del papel. Pero eso iba a cambiar.

Marsh y los fósiles. caricatura.
En 1877 una serie de errores de Marsh le llevan a perder una zona rica en fósiles en favor de Cope, y eso el científico lo lleva mal. De manera que cuando dos empleados del ferrocarril le informan de que se han topado con una cantera interesante, Marsh hace todo lo posible por garantizarse el filón. Y vaya si le saca partido, nada menos el Stegosaurus, el Diplodocus, o el Allosaurus fueron algunos de los fósiles bautizados entonces. Pero la tendencia de presionar y pagar poco a sus empleados le pasó factura, y las filtraciones llegaron a Cope, que incluso envió a la zona a "ladrones de dinosaurios". Uno de los dos empleados de Marsh, un tal Carlin, cambió de bando y se pasó a trabajar con Cope. Entonces ya no hubo reglas, ahora se trataba de conseguir más huesos que el rival, y boicotear como fuera la recogida del otro. Los antiguos compañeros del ferrocarril, Carlin y Reed ahora trabajan en bandos enfrentados, y son los ejecutores de las ordenes de los paleontólogos en lucha. Carlin boicoteo el traslado de unos fósiles bloqueando el acceso al anden del tren para impedir que Reed los enviara a Marsh. Cuando Cope construyó su propia cantera, Marsh envió a Reed a espiar a su antiguo amigo. Reed así mismo recibió la orden de destruir todos los huesos que no pudiera retirar, y de dejar vacías las canteras antes de abandonarlas. Numerosos fósiles de pequeño tamaño fueron destruidos por la ambición de gloria y fama de dos hombres supuestamente inteligentes.

Portada para un relato sobre los dos paleontólogos
Desde entonces los ataques y acusaciones de los dos hombres no pararon hasta la muerte de Cope en 1897. Se destruyeron fósiles, se recurrió al soborno, a los robos, a los sabotajes, a robarse colaboradores o trabajadores, al espionaje, las cuadrillas de trabajadores llegaron a enfrentarse a pedradas (¡son como niños!), e incluso Cope llegó a lanzar serias acusaciones contra Marsh cuando éste trabajaba para el Servicio Geológico de los Estados Unidos; además de hacer que la prensa publicara sus errores científicos, aseguró que él era un plagiario y había gestionado mal los fondos públicos, y a su jefe y asociado le acusó de malversación. El debate estaba en la prensa y ya todo el país conocía el terrible enfrentamiento entre los dos paleontólogos. No se investigaron las acusaciones de Cope, y éste al solicitársele pruebas dio marcha atrás. Pero la reputación de uno y del otro había quedado dañada.

Estudio de Cope. 1897.
Muchas de las expediciones de Cope y de Marsh habían sido financiadas de su propio dinero, y eso llevó a que también en ocasiones su situación no fuera muy boyante. Incluso Carlin, el antiguo ferroviario empleado de los dos enemigos llegó a fundar una empresa de venta de huesos al por mayor. ¡Sí, uno se podía comprar un hueso de dinosaurio por un módico precio! Las colecciones particulares de fósiles de estos dos caza huesos eran espectaculares, las especies que descubrieron marcaron el mejor momento de la paleontología mundial,  y algunas de las teorías que lanzaron aún están vigentes hoy en día. Pero sus métodos, sus maneras más propias de mafiosos que de prestigiosos científicos, aún son recordados hoy en día.

Expedición de Marsh . 1870
La guerra de los huesos se afirma que la ganó Marsh por número de especies descubiertas, 80 frente a las 56 de Cope. Pero a Marsh sólo le interesaban los reptiles y mamíferos, y el resto lo despreciaba cuando no lo destruía, mientras los intereses de Cope eran más amplios, lo recogía todo, aunque lo clasificaba como le daba la gana. ¡Qué buen trabajo hubieran hecho si se hubieran comportado como auténticos científicos utilizando el método y el rigor necesario y colaborando! Sin embargo muchos afirman que la Edad Dorada de la paleontología americana surgió precisamente porque estos dos individuos con bastante mal carácter y un exagerado ego se enfrentaron en una absurda carrera para demostrar quién era el mejor.

En 1897 Cope se encuentra enfermo y casi arruinado. Tiene que vender parte de su colección de fósiles, y alquilar habitaciones. Marsh no está mucho mejor, ha tenido que pedir un sueldo a Yale y ha hipotecado su casa. Pero antes de morir Cope aún se atreve a desafiar a su enemigo: cuando muera cederá su cráneo a la ciencia para que midan su cerebro, e insta a Marsh a que haga lo mismo, pues así se demostrará quien de los dos era más inteligente, ya que en la época asociaban inteligencia al tamaño del cerebro. El cráneo de Cope terminó en la Universidad de Pensilvania. Marsh, que murió dos años después en 1899, fue enterrado con su cabeza en el sitio pues no aceptó el último desafío de su eterno rival.       

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