EL HOMBRE QUE VENDIÓ SU ALMA AL DIABLO

Johannes Fausto. S. XVIII. Anónimo.
EL VERDADERO FAUSTO

Casi todos hemos oído hablar de Fausto, el hombre que en busca del poder o el conocimiento vendió su alma al diablo. Abundantes leyendas contaban las andanzas de este misterioso personaje que según los relatos llegó a tener poderes sobrenaturales, dominar las artes místicas, todo gracias a su secreto pacto con el demonio. Literatos, músicos, pintores, vieron en la historia de Fausto su fuente de inspiración para sus obras, y de todas ellas posiblemente la más conocida la obra "Fausto" de Goethe, después de ella óperas e incluso películas siguieron magnificando la leyenda del mago. Pero detrás del Fausto legendario, del personaje literario, había un Fausto real, un hombre que nació en la Alemania del siglo XV y vivió vendiendo sus supuestos habilidades mágicas en la Europa Central ya en el siguiente siglo.

Doctor Fausto. Grabado
El peculiar individuo nació posiblemente en 1480 en alguna ciudad del suroeste de Alemania, tal vez Knittlingen, tal vez Helmstadt. Su nombre real ni siquiera era Fausto, pues ese fue un apodo que se autoimpuso, y que en latín significaba "El feliz". Johannes Faust, o quizás Georg Sabellicus, pues tampoco sabemos su nombre real, pudo ser el hijo de un rico campesino de una de estas ciudades, lo que le permitiría acceder a estudios superiores, incluso hay quien afirma que nació antes de la fecha indicada, y que para 1483 ya estaba en la Universidad de Heildenberg.  La verdad es que nos da más o menos igual donde nació exactamente, o si fue a la Universidad o no, o incluso si conoció a Parecelso como afirman otros, lo realmente importante es que en 1506 ya había comenzado sus actividades místico mágicas.

La referencia a Fausto en 1506 se encuentra en una carta del abad Trithemius quejándose al astrólogo Vordung de las actividades de un sospechoso individuo que se mueve por la ciudad de Geinhausen (Alemania) vendiendo sus supuestas habilidades que incluyen el conocimiento de todas las obras clásicas, sanaciones milagrosos, afirmar ser capaz de repetir los milagros de Cristo sin dificultad, etc. Cuando el tal Fausto se entera de que el abad quiere verlo, se da a la fuga y comienza su peregrinar itinerante vendiendo sus artes y habilidades, presentándose como sanador, mago, alquimista, astrólogo, adivino, quiromántico, según el momento y las necesidades. En Wuzburgo se presentó como sanador y capaz de imitar a Cristo, en Kreuznach como alquimista, y es en esta última ciudad donde además convence a los poderosos próceres locales de sus poderes místicos, y le colocan de director de la escuela local. Pero entonces el "pájaro" no conforme con haber obtenido una posición importante gracias a sus embustes, abusó de ella, y de los niños que estaban a su cargo, y tuvo que huir precipitadamente cuando se desató el escándalo.

Fausto en su estudio. G.F. Kersting.1829. 
En 1513 reaparece en la ciudad de Erfurt donde se presenta como quiromántico y capaz de practicar la adivinación por los rasgos del rostro. Sus hazañas cautivan al público que comienzan a ver sus habilidades como sobrenaturales, aunque los hombres más cultivados de la época lo tachan de bufón y falsario. Pero la fama de Fausto ha comenzado a crecer, las anécdotas que se cuentan de él son exageradas (posiblemente él mismo las fomentara e inventara), y sus supuestas habilidades están en boca de todos. El humanista Mutian ha coincidido con él en un albergue, y describe en una de sus cartas al quiromántico como un fanfarrón que sólo engatusa a locos como él.

Sin embargo sí parece cierto que el siniestro individuo tuviera conocimientos de química y farmacopea que le permitían realizar algunos experimentos y preparados que los más ignorantes consideraban "milagrosos". Se contaba una anécdota que demuestra el peculiar carácter y habilidades del individuo: Prisionero en Batemburg, embaucó al capellán Dorstenius prometiéndole que le trasmitiría sus múltiples y variados conocimientos. El buen hombre, que no debía de ser muy listo, picó, y se dejó engatusar por el mago, quien como primera enseñanza y a cambio de más vino, le prometió enseñarle a quitar la barba sin emplear la cuchilla; el capellán accedió, y el otro le conminó a frotarse la barba con arsénico, y efectivamente la barba desapareció, así como parte de la carne que la sujetaba, quemándose pelos, piel y carne, y dejando al capellán con una cara nueva. Sin embargo este hecho en lugar de desprestigiarlo aumentó su leyenda, y ya había quien decía que el mago era capaz de convertir el vino en arsénico, y que además con sus mágicos conjuros era capaz de hacer que se cayera la carne de sus enemigos.

Fausto. Estatua en Knittlingen. 
Debió de pasar un tiempo en prisión acusado de sodomía o por alguno de sus milagros que no salieron todo lo bien que esperaban los crédulos. Pero en febrero de 1520 el "infalible" mago realiza el horóscopo del obispo de Bamberg por el que recibe 10 florines. De forma que su fama ha llegado hasta los poderosos y sus predicciones comienzan a considerarse acertadas. En 1528 está en el monasterio Rebdorf, cerca de Eichstatt, allí sigue con sus predicciones y afirmaciones mágicas, dice que los profetas nacen cuando el sol y Júpiter están en la misma constelación, y que él es el jefe supremo de los caballeros de San Juan de Hallestein en la frontera con Carintia (ducado en Austria). Diez días después el 15 de junio el amigo Fausto ha vuelto a liarla y tiene que salir por piernas de Ingolstadt acusado de ser un falso adivino.

Unos años más tarde nuestro deambulante mago recala en la ciudad de Nuremberg donde le deniegan un salvoconducto en 1532 por ser "un gran sodomita y necromante". Parece que las andanzas del mago empiezan a ser conocidas y no para bien. Pero nuestro hombre es un experto en darse autobombo, o quizás sea un ejemplo de marketing bien planificado. Se dedica a fanfarronear, difundir historias inventadas, y hacer alguna que otra demostración de habilidades ante los más incrédulos. Así a pesar de las acusaciones de que es un fraude, de practicar la sodomía con niños, y de ser adepto a la magia negra, comienza a circular el rumor de que tiene poderes de verdad quizás obtenidos por algún pacto con "el innombrable".

Representación  imaginada de la muerte de Fausto.
Algunas profecías acertadas le devuelven la fama perdida: en 1535 en Müster vaticinó que el obispo volvería a tomar la ciudad esa misma noche, o posteriormente en 1540 que no sería un buen año para los ejércitos europeos en América. El mismo mago bromea con su trato con el diablo al que denomina "cuñado", y el caballo y perro con el que se pasea son servidores demoníacos, o eso hace creer a los incautos. Con frecuencia busca cómplices que le ayuden en sus espectáculos "mágicos" a los que soborna, normalmente mozos o dueños de taberna, en la que reúne a invitados especiales a los que tras pantagruélica cena y bebida copiosa, deja en situación de ver lo que él quiere que vean. Así hizo creer a un grupo de comensales que se desplazó en un instante desde Praga hasta la ciudad alemana donde estaba gracias a un caballos volador. Las historias que se cuentan sobre Johannes Fausto son cada vez más fantásticas, y sus fanfarronadas no hacen más que aumentarlas. Pero entonces llegó el final.

Museo Fausto. Kniittilngen. Alemania.
En 1540 en la ciudad alemana de Staufen Johannes se hospeda en la Posada el León. En su habitación del hotelito se dedica a su última ocupación, la alquimia, según algunos en el afán de conseguir la trasmutación en oro. El caso es que el aplicado alquimista comienza a mezclar diversos productos en vasos y botellas, y consigue un resultado inesperado, un potente explosivo que sacude el edificio hasta los cimientos y provoca un estruendo que atemoriza a todos los vecinos. Estos corren al lugar de origen del estruendo, de la puerta entreabierta de la habitación de Fausto sale humo, y al entrar descubren sobre el suelo los restos de lo que había sido el nigromante, el cuerpo "horriblemente retorcido y mutilado". Desde ese momento comienza a fraguarse la leyenda, el archimago, alquimista y curandero había realmente pactado con el diablo y al final éste había venido a cobrar su deuda.

"Fausto" de Goethe. K. Hartmann. 1890.
Con el paso del tiempo las hazañas inventadas por el propio Fausto fueron creciendo y exagerándose. Su trágica muerte contribuyó aún más a aumentar su áurea sobrenatural, y por supuesto los escritores no tardaron en explotar al personaje como fuente de nuevas obras. A partir de ese momento Fausto pasó de ser una persona real, un oscuro mago de la Alemania del siglo XVI a convertirse en un personaje ficticio paradigma de hasta donde puede llegar el ser humano por ambición.

En la ciudad alemana de Knittlingen, posible cuna del mago, existe un museo dedicado tanto al Fausto real como a todas sus recreaciones ficticias, e incluso sus calles exhiben una estatua de Johannes Fausto, aunque no sé yo si es como para estar orgullosos del personaje. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario