HAGAMOS LA REVOLUCIÓN

CHE. EL ARGENTINO

Título Original: Che. El argentino.

Año: 2008

Duración: 128 min.

País: Estados Unidos, Francia, España

Dirección: Steven Soderbergh

Reparto: Benicio del Toro, Demián Bichir, Elvira Minguez, Jorge Perrugorría, Catalina Sandino Moreno, Vladimir Cruz,  Unex Ugalde, Rodrigo Santoro.

Marco Temporal: 1955-1959

Marco Espacial: Cuba


La Habana. Mayo de 1964, Ernesto Che Guevara se prepara para una entrevista. Las preguntas le llevan a rememorar como comenzó su relación con Cuba, como durante una comida familiar con unos refugiados cubanos en México en 1955 le presentaron a Fidel Castro quien expuso sistemáticamente la desastrosa situación en que la dictadura de Batista había sumido a la isla caribeña. Para el joven, apodado por todos "el argentino", lo que comenta Castro no es una novedad, si no más bien una situación común a toda Latinoamérica.

La película fue el resultado de intentar llevar a la pantalla la vida de Ernesto Guevara, el Che, al menos su intervención en la revolución cubana y su lucha final en Bolivia. Un macro proyecto de más de cuatro horas que a pesar de ser presentado en el Festival de Cannes como una sola película, se decidió finalmente dividirla en dos partes para sus exhibición en los cines, afortunadamente para el espectador.

Las biografías históricas llevadas al cine son bastante complicadas de realizar, y en el caso de la del Che, el personaje ofrecía mayores dificultades: Para unos el Che es todo un icono popular, un ejemplo mítico de la izquierda más combativa y más cercana al pueblo; para otros fue un peligroso revolucionario, y como el mismo protagonista, Benicio del Toro, reconoció uno de"los malos". La propaganda de unos y otros se había encargado de ensalzarlo o enlodarlo según el país y la ideología. Benicio del Toro, que además produjo la película, aunque de origen portorriqueño estaba influido por la visión que su cultura, la norteamericana, le había trasmitido del revolucionario, sin embargo su percepción cambió al leer sus escritos hasta el punto que llegó a abandonar una entrevista con un periodista americano cuando comenzaron a llover las críticas sobre el biografiado.

Con un personaje polémico abordar una película que trata la revolución cubana e intentar venderla en Estados Unidos era un riesgo enorme, y al final se consiguió que una empresa francesa y otra española financiaran el proyecto tras el empecinamiento de realizarla en castellano. La intención era reflejar nada más sus últimos años en Bolivia, pero finalmente se decidieron a contar la revolución cubana e incluso intercalar la narración con la intervención del Che en las Naciones Unidas en 1964. La primera parte, la subtitulada "El argentino", narra precisamente esto, y termina con la entrada de los revolucionarios en la Habana en 1959. Sin embargo las partes de la entrevista en ingles, las imágenes en blanco y negro, y la narración en la que se entremezclan el castellano y el inglés no aportan gran cosa a la historia, al revés la hacen confusa, la alargan demasiado, y le dan un tono de documental que impiden que el espectador llegue a conectar realmente con el personaje, al menos en esta primera parte. Aunque Benicio del Toro recibió premios por su interpretación, la realidad es que la película no triunfó en Estados Unidos, y las críticas fueron variadas a pesar del reconocimiento en los festivales internacionales.

A mi entender la primera parte es demasiado larga, demasiado confusa en su narración, las interrupciones no ayudan y el solapamiento de los idiomas llega a exasperar, la interpretación es plana, casi sin matices. No se duda de lo que se cuente en pantalla sea real, que así sucedieran las cosas, pero los actores y el director no emocionan en esta película, no consiguen que sus personajes salgan de la pantalla. El espectador se mantiene distante, desapegado, tal vez curioso, pero desde luego no emocionado. Se ha rehuido la polémica, se ha optado por buscar una imagen lo más aséptica posible, que no molestara ni a unos ni a otros, y al final como todos los tibios no acabó de convencer plenamente a ninguno. No se trataba de convertir al personaje en un santo varón o todo lo contrario, demonizarlo, pero de ahí a presentarnos un autómata casi imperturbable hay un término medio. Pero bueno eso es lo que tienen los biopics sobre todo de personajes cercanos en el tiempo, que hay que contentar a todos.

La segunda parte de la biografía, subtitulada "Guerrilla", tomó otro rumbo, y dejó atrás muchos de los fallos de la primera parte, pero tal vez ya era demasiado tarde para enganchar al público a quien no llegó a calarle "El argentino", aunque eso es otra historia...    

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