A LA CAZA DEL ASESINO

Asesinato de Luis de Orleans. Grabado s.XIX. P. Lehugeur
EL ASESINATO DE LUIS DE ORLEANS

Luis de Valois, Duque de Orleans hermano del rey francés Carlos VI, era una de las personas más influyentes y poderosos de su época. El rey esquizofrénico y bipolar no era la persona adecuada para gobernar, y el control de sus hijos y herederos se convirtió en una meta para todos aquellos que aspiran a ejercer el poder. Las luchas entre los partidarios de la regencia de Juan de Borgoña (los borgoñones) y los del propio Duque (armagnacs) eran enconadas, pero nadie se imaginaba lo que iba a suceder el 23 de noviembre de 1407.

El asesinato. Miniatura.1480. BN de Paris.
El Duque de Orleans ha ido a visitar a la reina Isabel a su residencia en el Hotel Barbette en la calle Vieille du Temple en París. Los rumores hablaban de una supuesta relación entre los cuñados. Hace poco que la reina ha dado a luz, y su cuñado acude a interesarse por ella y el recién nacido, no puede sospechar que una conspiración para asesinarlo se ha ido fraguando a sus espaldas, y que un grupo de asesinos se esconden en una casa no muy lejos de donde se encuentra. A las 8 uno de los implicados acude a la casa de la reina con el falso mensaje de que el rey Carlos solicita la inmediata presencia del Duque. Luis con una escolta de apenas doce personas monta en su mula y se dirige hacia el Hotel de Saint Pol, residencia del monarca. Raoul Anquetonville encabeza la partida de 15 hombres que emboscan al duque. Los asesinos se arrojan sobre la comitiva matan a un de los sirvientes, y se arrojan sobre Luis. El primer objetivo es impedir que el hermano del rey se defienda, así que antes de descabalgarlo le cortan una mano, y le rajan el otro brazo hasta el hueso. Cuando la víctima se ve arrojada al suelo grita: "¡Yo soy el Duque de Orleans!", antes de que un hachazo le abra el cráneo uno de sus asesinos le contesta:"¡Es lo que queremos!"
    
Luis de Orleans. La víctima. Fresco perdido  
Una hora después el preboste de la ciudad, Guillaume de Tignonville, representante del rey para estos asuntos, es avisado para que se persone en la vivienda donde se han depositado los restos del Duque. El espectáculo que contempla el oficial es dantesco, además de los cortes en el brazo y la mano seccionada, la cabeza está abierta y en su informe refleja la violencia del crimen: "su cabeza estaba tan dañada que el cerebro entero sobresalía". Tignonville y sus hombres ponen en marcha una auténtica investigación policial para atrapar a los culpables y descubrir quien está realmente tras el crimen, investigación que queda reflejada en un extenso informe, nada menos que un rollo de pergamino de 30 pies, unos 10 metros.

La primera medida que tomó este investigador medieval fue la de cerrar todas las puertas de la ciudad, nadie podía entrar ni salir, y así los asesinos quedaban atrapados dentro. Acto seguido llenó las calles de sus guardias que custodiaban calles y esquinas para tranquilizar a la población y localizar a los posibles sospechosos. Guillaume comenzó entonces una ardua labor de investigación, reunió datos, cotejó declaraciones, y durante varios días ni siquiera durmió mientras se dedicaba a la caza de los asesinos. Recolectó todas las posibles pistas que pudo del lugar donde supuestamente se habían alojado los asesinos, y pidió a todos los posaderos de la ciudad una relación de sus huéspedes.

El Chatelet de París. Dibujo.
El Chatelet de París era el centro desde el que nuestro detective llevaba a cabo sus indagaciones. El edificio con sus propias celdas, morgue, y sala de interrogatorios, comenzó a ver desfilar sospechosos y posibles testigos. Ya entonces París era una ciudad que sobrepasaba los 100.000 habitantes, pero eso no arredró al pertinaz sabueso. Se interrogó a todo tipo de personas que pudieran haber estado en contacto con los asesinos o presenciado los hechos: posaderos, amas de casa, tenderos, barberos, comerciantes. Los interrogatorios se llevaban a cabo en las salas del Chatelet y eran realizados por dos investigadores, uno efectuaba las preguntas, y el otro transcribía las respuestas. Y las pistas comenzaron a llegar: Una testigo había sido amenazada tras presenciar el crimen, otra que regentaba una tienda contó como se metieron en su negocio, apagaron las luces, y luego salieron corriendo. Guillaume ya tenía una idea aproximada de cuántos y cómo eran los agresores, pero cuando dio con el tendero que les proporcionó las vituallas, y con el hombre que les alquiló la casa donde se escondieron, el cerco comenzó a estrecharse.

Juan sin miedo. El asesino. M. de Lille.  R.van der Weyden
El preboste pronto comprendió que no era un crimen normal, el finado tenía numerosos enemigos, y casi todos poderosos. El dinero que se había manejado durante la preparación de su asesinato demostraba que era gente de alcurnia la que había armado a los asesinos. Durante el funeral del Duque de Orleans el investigador solicitó al rey poder registrar las residencias de algunos nobles, procedimiento absolutamente novedoso. El nombre del cabecilla del ataque quedó establecido, así como el precio del asesinato. También descubrió que el valido del rey, Thomas de Corteheuse, quien diera el aviso que sacó al Duque de la casa de la reina, estaba implicado en la conspiración. Todo conducía al hombre de confianza del duque de Borgoña, un tal Jean Lourdy de Saligny, encargado de comprar al jefe de los emboscados, Raoul de Anquetonville, de sobornar a Thomas de Corteheuse, y en definitiva de organizar el asesinato por encargo de Juan sin Miedo, duque de Borgoña, y principal rival de Luis de Orleans en la lucha por gobernar Francia.

Funeral de Luis de Orleans. Miniatura. s. XV.
Sin embargo Juan sin Miedo, haciendo honor a su apodo, no teme las consecuencias de su crimen. Se siente seguro y apoyado por el pueblo de París. Incluso se atreve a alardear indirectamente de lo hecho al mandar redactar a un teólogo un elogio al tiranicidio. A pesar de ello en el funeral del Duque de Orleans uno de los nobles no pudo evitar exclamar: "No ha habido un asesinato más desleal que éste!".

El preboste Guillaume de Tignonville ha hecho todo lo que estaba en su mano, sin embargo lo más importante no pudo realizarlo, el culpable estaba demasiado arriba, y su detención provocaría una guerra civil, algo que de todas formas terminó por suceder, y que llevó a los enfrentamientos entre armagnacs y borgoñones que tendrían como consecuencia la muerte también de Juan sin Miedo en 1419, doce años después de la de su rival.

De todo aquello queda la extraordinaria investigación del de Tignonville que recogida en el enorme documento, casi una novela de misterio, no vio la luz hasta que se realizó una edición impresa a mediados del siglo XIX.   

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