DINOSAURIOS Y COWBOYS

EL VALLE DE GWANGI


Título Original: The Valley of Gwangi


Año: 1969


Duración: 96 min.


País: Estados Unidos


Dirección: Jim O´Connolly


Reparto: James Franciscus, Gila Golan, Richard Carlson, Laurence Naismith, Freda Jackson.


Un grupo de gitanos camina por un paraje desolado buscando a uno de sus compañeros, un tal Miguel. El hombre aparece ensangrentado tambaleándose y portando un saco dentro del cual se agita algo vivo. Antes de morir sólo acierta a pronunciar una única palabra: Gwangi. Cuando otro hombre se hace cargo del saco una anciana le recrimina, conmimándole a abandonar la captura: "El que le quita algo a Gwangi, el Maligno, queda maldito". Pero los gitanos se niegan a abandonar el botín que el fallecido Miguel ha conseguido.

"El valle de Gwangi" es una de esas películas ingenuas pero entretenidas que se realizaban en los años 60 donde se mezclaban conceptos de éxito para intentar llenar los cines. En esta ocasión se intenta mezclar una película de dinosaurios, que tan de moda habían estado, con las siempre populares películas de vaqueros, como resultado sale esta rareza. Con un guión que bebe en las fuentes del libro de Conan Doyle "El mundo perdido" la trama explora la posibilidad de que perviva un lugar oculto donde los dinosaurios hayan sobrevivido a la extinción, y en el cual por azares de la narración vaya a parar el típico vaquero americano y sus amigos. Para darle más emoción se añade un final a lo "King Kong" con gigantesco animal suelto por la ciudad.

De nuevo Ray Harryhausen nos deleita con sus magníficos efectos especiales (para la época, se entiende) y nos divierte con los dinámicos dinosaurios en escenas antológicas que no se han privado de copiar películas posteriores, algunas tan famosas como las de la saga de "Parque Jurásico". Para las generaciones actuales los efectos sonaran a falso y difícilmente tolerarán las escenas fantásticas, pero en su día fueron todo un logro, y una auténtico esfuerzo técnico y de imaginación. Para los españoles tiene el aliciente o la gracia de reconocer los parajes que salen en la película pues ésta fue rodada en Tabernas (Almería) y en la siempre socorrida Ciudad Encantada de Cuenca, además de aparecer la catedral de Cuenca o la plaza de Toros de Almería, todo por supuesto fingiendo que es en un pueblo mexicano. Al final hay que quedarse con un film que ofrece diversión para toda la familia con la ingenuidad de los años 60.

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