LA PRIMERA BATALLA DE LA HUMANIDAD

Esqueleto de Nataruk. Kenia.
MATANZA EN NATARUK

En el año 2012 un grupo de investigadores se encontraban investigando un yacimiento prehistórico en Kenia a 30 km del lago Turkana, cuando lo que comenzó a salir a la luz reveló una espeluznante realidad, los restos de lo que hasta ahora se considera la primera matanza o batalla de la humanidad. El lugar era Nataruk y los esqueletos de 27 individuos iban a contarle al mundo una terrible historia.

Esqueleto con fractura de cráneo. Nataruk.
Los huesos encontrados fueron datados por el radiocarbono en una fecha entre 9.500 y 10.500 años atrás. Eran los tiempos del Holoceno, cuando la última Edad del Hielo ya había terminado. La zona entonces era un lugar fértil al borde de una laguna, y no muy lejos de un gran lago, el Turkana, mucho más grande que ahora. Abundaban los bosques y alguna que otra zona pantanosa. El agua potable, la posibilidad de pesca abundante, de bosques cercanos donde recolectar frutos y bayas y cazar, hacia del lugar el establecimiento perfecto para una tribu de cazadores recolectores, que además fabricaban cerámica para almacenar alimentos. Pero también todas estas condiciones le hacían el sitio perfecto para despertar las envidias y los odios de vecinos menos afortunados o simplemente codiciosos.

Sitio de Nataruk hoy. Kenia. 
La comunidad asentada a orillas de esta laguna iba a sufrir la visita de unos enemigos despiadados. 21 adultos se encontraban en la zona en lo que posiblemente fuera un campamento provisional dedicado a la pesca, pues se han encontrado instrumentos como anzuelos y arpones destinados a este fin. Los huesos permiten identificar a 8 mujeres  y 8 varones, de los otros cinco adultos no se ha podido identificar el sexo. Una de las mujeres estaba embarazada y fue atada antes de ser asesinada. Había 6 niños, uno de los cuales era un adolescente entre 12 y 15 años con posibles problemas de crecimiento, los otros niños estaban al lado de los cadáveres de mujeres, suponemos que sus madres.

Distribución de los esqueletos en Nataruk
Los recursos alimenticios, el agua potable o la lucha por apoderarse del lugar puede ser la explicación para el repentino ataque que este grupo sufrió por parte de agresores desconocidos y procedentes de otro lugar. El uso de puntas de flecha de obsidiana, que no son comunes en la zona, nos habla de que los agresores llegaron de fuera. A pesar de que el capturar mujeres y niños podía ser la motivación para los ataques, no parece que fuera el caso porque tanto unas como los otros fueron asesinados, y algunos no durante la refriega sino después de su captura.

En un primer momento el grupo de atacantes debió de disparar sus proyectiles a los elementos más peligrosos del grupo, a los varones armados y más fuertes. Una flecha con punta de obsidiana perforó la cavidad torácica de uno, otra entró por el ojo de un segundo. Luego vino la lucha cuerpo a cuerpo varios presentan golpes y fracturas ocasionadas por un palo funcionando como un garrote o una maza, las piernas, el cráneo y las costillas fueron los lugares donde fueron golpeados por estas armas rematadas en piedra. Pero además varios de los esqueletos presentaban cortes, es decir que otra de las armas presentaba en su extremo cuchillas de piedra para cortar o apuñalar a los rivales. Incluso uno de los asesinados presentaba las manos rotas al intentar protegerse de uno de los golpes. Los primeros en caer debieron de ser sorprendidos pescando y cayeron dentro de la laguna donde permanecieron por siglos, hasta que ésta se secó y el propio limo cubrió sus cuerpos.

La embarazada de Nataruk. 
Pero no todos murieron en el ataque. Hubo supervivientes, aunque no por mucho tiempo. Un grupo de los atacados fue capturado, se les ataron las manos, y luego fueron ejecutados sin importar si eran hombres, mujeres o niños. Así murió la joven embarazada en el interior de cuyo esqueleto se encontró la víctima número 28, el pequeño feto del nonato.

Los agresores habían planeado el ataque de forma cuidadosa, primero desde la distancia con armas arrojadizas fueran flechas o lanzas, luego con un inmediato cuerpo a cuerpo contra un grupo seguramente desprevenido casi desarmado y con sus principales elementos eliminados por el ataque inicial, y finalmente con una masacre de aquellos supervivientes que bien por sus heridas o bien porque no interesaban o suponían un inconveniente en su desplazamiento. Ningún miembro del grupo de recolectores y cazadores asentados en la laguna quedó vivo o en libertad para ocuparse de enterrar a sus familiares y amigos. Los cuerpos quedaron diseminados por una superficie similar a un campo de fútbol. Algunos habían quedado boca abajo, otros todavía estaban atados. Los vencedores se alejaron con su botín, posiblemente alimentos, y puede que algún esclavo.

Punta de flecha o lanza de obsidiana. Nataruk
En la zona quedaban 4 esqueletos tan fragmentados que casi nada podemos saber de ellos. Pero del resto podemos intuir la presencia de un clan o tribu unidos por estrechos lazos familiares. Un hombre y una mujer superaban los 45 años, así que podemos hablar de los patriarcas del clan; cinco varones y 3 mujeres estaban entre los 30 y 45 años, los primeros hijos y sus esposas o quizás la segunda generación; un tercer grupo formado por 3 mujeres y 2 varones entre 20 y 30 años, los segundos hijos, o tal vez la tercera generación, y finalmente el grupo de niños formados por el adolescente y 5 niños que iban desde los tres años del más pequeño a los 6 del mayor, y que indudablemente eran la última generación quizás ya los bisnietos de los patriarcas.

Los atacantes siguieron su camino. No se pararon a enterrar o tapar los muertos, síntoma de que no pensaban permanecer en el lugar. Sus armas de obsidiana hablan de que provenían, como hemos dicho, de otro lugar. Su modo de vida era el de atacar a las comunidades más indefensas desplazándose en un radio amplio como queda constatado en al menos otros dos lugares: Lothagam 20 kms al norte de Nataruk, donde se descubrió otro esqueleto que había perecido violentamente por el impacto de una flecha de obsidiana, y en Kalakoel, otro emplazamiento cercano a la laguna en el que también se han descubierto dos muertos más por proyectiles. 

Otro asesinado de Nataruk.
La violencia y el asesinato asociados a la ambición y el deseo de poseer lo que tienen los demás parece por desgracia consustancial al ser humano como testifican otras matanzas de grupos de recolectores o agricultores que han sido documentadas en los registros fósiles de otras partes del mundo y en otros momentos de la Prehistoria. Para algunos es una simple lucha por la supervivencia en una época de escasez. El hombre a lo largo de los siglos ha demostrado ser capaz de realizar grandes obras de arte, enormes avances técnicos, increíbles alardes de altruismo, pero también actos de crueldad extrema. La matanza de Nataruk demuestra que la teoría del "buen salvaje" o las imágenes de una prehistoria idílica en una especie de paraíso en donde hombres y animales convivían en armonía están muy lejos de haber sido una realidad.

Las excavaciones de Nataruk prácticamente sólo han desenterrado lo que se encontraba en superficie, lo más visible. Pero la extensa zona puede guardar aún más secretos en su interior, quizás los restos de alguno de los atacantes dando más datos de su origen, o la razón del ataque, quizás parte del botín que escapara al escrutinio de los saqueadores. Pero de momento sólo podemos especular y esperar que el pasado revele sus secretos.   

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