UN MERCENARIO ESPARTANO

Batalla de Bagradas

JANTIPO AL SERVICIO DE CARTAGO

En el año 255 a.C. las dos grandes potencias del Mediterráneo están enzarzadas en una guerra sin cuartel. Es la Primera Guerra Púnica. Tras la derrota de Adis los cartagineses llevan las de perder. El general romano Marco Atilio Regulo había trasladado la guerra a África, derrotado a los ejércitos cartagineses, y llevado la guerra a las puertas de los cartagineses. Ni siquiera la llegada de los grandes generales  cartagineses, desplazados en Sicilia, había conseguido evitar lo que era ya una derrota aplastante.

Tropas cartaginesas. 1ª Guerra Púnica.
El romano dispuesto a regresar a casa cubierto de gloria antes de terminar su consulado propuso a Cartago unas condiciones de paz muy duras: debían ceder Sicilia, Córcega y Cerdeña, tenían que renunciar a su armada, pagar una indemnización, y firmar un tratado de vasallaje. 

Ante semejantes peticiones el senado cartaginés decidió rechazar la paz, a pesar de que a la capital no dejaban de llegar refugiados del campo, y los númidas aprovecharon la ocasión para levantarse. En Cartago la moral estaba por los suelos. Pero entonces llegó a la ciudad un contingente de mercenarios que habían sido reclutados en Grecia para ayudar en la lucha contra los romanos. Entre ellos se encontraba un espartano, un tal Jantipos, que iba a dar un vuelco a la situación.

El militar griego en seguida se dio cuenta de los errores cometidos en la batalla de Adis, y se percató de que la derrota cartaginesa había sido más a causa de los fallos cometidos por sus generales que por la propia pericia de los romanos. Cuando los comentarios del espartano llegaron a oído de los mandatarios de Cartago, éstos le hicieron llamar. Al fin y al cabo que tenían que perder escuchando al extranjero, debieron de pensar que peor no podían terminar.

Legionarios romanos.
Jantipo fue encargado de entrenar al ejercito de Cartago y diseñar la nueva estrategia para enfrentarse a las tropas de Regulo.  Por supuesto el senado cartaginés no convenció al espartano de trabajar para ellos por amor al arte, y el pacto con Jantipo incluía un generoso estipendio. El nuevo general de los ejércitos de Cartago señaló los fallos al utilizar el terreno y el uso inadecuado de la caballería y los elefantes. Entrenó a las tropas, y las sacó de la ciudad haciéndolas maniobrar conforme a su estilo de combate. Jantipo no sólo estaba enseñando nuevas maneras de combatir a los romanos sino que al tiempo les devolvía a los cartagineses la moral y la fe en la victoria.

En la primavera del año 255 a.C. Regulo que ha estado atrincherado dejando pasar el invierno, reanuda la campaña contra Cartago. Pero ahora no tiene enfrente a un grupo de ineptos generales cartagineses, tiene a un astuto general espartano que ha heredado la fiereza en el combate de sus ilustres ancestros.

Batalla en las Guerras Púnicas. 
Los romanos tenían más efectivos que las tropas dirigidas por Jantipo y la batalla se entabló a orillas del río Bagradas. La llanura sirvió al espartano para lanzar a sus elefantes contra los romanos mientras la caballería los envolvía por el flanco. La derrota de Regulo fue total y la masacre espectacular. Los cartagineses capturaron a más de dos mil romanos entre los que se contaba el desafortunado cónsul, otros 12 mil romanos no tuvieron tanta suerte y quedaron sobre el campo de batalla. La estrategia se impuso sobre la fuerza.

El griego había otorgado la victoria a los cartagineses sin embargo los mandatarios de Cartago no vieron con buenos ojos la popularidad que el extranjero había conseguido gracias a su victoria, o quizás pensaron en ahorrarse el costoso salario que el general les reclamaría. En cualquier caso planearon el asesinato del mercenario para quitarse de encima a alguien molesto, que además siempre podía pasarse al enemigo si éste le pagaba mejor.

Tropas de Roma enfrentando el ataque de elefantes de Cartago. 
Jantipo debió de olerse el pastel y salió a toda prisa de Cartago. Tomó un barco y partió rumbo a su tierra. En su viaje recaló en Sicilia donde los romanos sitiaban una ciudad en poder de los cartagineses. El espartano ofreció sus servicios y consejos a sus antiguos enemigos, no hay que olvidar que al fin y al cabo era un mercenario, y la ciudad cayó en manos de los romanos.

Los sufetes (senadores cartagineses) debieron ver hechos realidad sus peores temores: Jantipo suelto, ayudando a los romanos, y cabreado con sus antiguos contratantes era un peligro mayor que cuando lo tenían a su servicio. Ahora era imperativo matarlo. Las fuentes dicen que su intento de huida no fue suficiente, y que sus enemigos habían infiltrado a alguien en el barco que le devolvía a casa. Jantipo que había escapado de un intento de asesinato en Cartago, sufrió otro a bordo de su barco de huida, que se hundió en alta mar después de haber sido saboteado al perforar su casco. Ese fue el final del mercenario espartano para algunos de los escritores que cuentan su vida. El invencible mercenario, estratega insuperable, muerto a traición ahogado en algún lugar del mar Jónico.

Sin embargo 10 años después de la desaparición del espartano, Ptolomeo III, rey de Egipto, tiene a su servicio ejerciendo un cargo de gobernador a un tal Jantipo que suponemos realiza funciones también de asesor militar. ¿Sobrevivió Jantipo al naufragio y recaló en Egipto? Si fue así el inteligente militar optó por mantenerse apartado de las guerras entre romanos y cartagineses, y pasar a un retiro más tranquilo donde ni los unos ni los otros tuvieran a bien cobrarse viejas deudas.

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