LA DIPLOMACIA BABILÓNICA

HAMMURABI Y LOS EMBAJADORES DE MARI

Hammurabi (1810 a.C. - 1750 a.C.) fue el sexto rey de la primera dinastía de Babilonia desde el año 1792 al año 1750 antes de Cristo. El nombre de Hammurabi pasará a la historia por muchas cosas pero sobre todo por el famoso código que le convertirá en el primer gobernante que codificará las leyes para que sus súbditos conozcan sus derechos y obligaciones. Pero hoy no se trata de hablar del famoso código de Hammurabi, algo que dejaremos para otra ocasión, si no de la política exterior desarrollada por el rey y uno de los incidentes diplomáticos que esta originó, tal vez uno de los primeros de la historia.

Babilonia. Reconstrucción idealizada. 
Hammurabi heredó el trono de Babilonia de su padre  Sin-Muballit (r. 1812-17193 a.C.), pero la ciudad estado aún no es el imperio que llegará a dominar Mesopotamia. En realidad Babilonia es una entre otras ciudades estado y ni siquiera la de más importancia. Al este Babilonia limitaba con el reino de Elam, bastante más poderoso y a cuyo rey los otros gobernantes le otorgaban el título de "padre", reconociéndole así la supremacía mientras que entre ellos se denominaban "hermanos". Al norte el rey asirio Samsiadad I lleva a cabo una peligrosa política expansionista. Si bien es cierto que Hammubabi había heredado de su padre una Babilonia que había conquistado y dominado ciudades limítrofes como Kis o Sippar se veía obligado a cerrar tratados, forjar alianzas, y firmar pactos con las ciudades estado más importantes para evitar ser absorbido por los poderosos vecinos. El rey babilonio se armó de paciencia y solamente en el último decenio de su reinado pudo ir conquistando territorios por la muerte o debilidad de sus rivales. La ciudad de Mari era uno de estos reinos que se cruzaban en el camino de Hammurabi, y que el astuto rey tuvo primero como aliada para luego ser objetivo de sus campañas de conquista.

Mari. Reconstrucción idealizada.
Precisamente en las excavaciones de los archivos de Mari se encontró una curiosa carta que de forma sucinta relata un incidente diplomático ocurrido entre los embajadores de esta ciudad y los babilónicos. Reinaba en Mari Zimri-Lim (r. 1782-1759 a.C.), pero los asirios habían asesinado a su padre y él había tenido que huir mientras Samsiadad I ponía a su propio hijo en el trono de su familia. Pero la muerte del rey asirio dejó libre al de Mari para derrotar a su hijo y recuperar su trono y su ciudad. Puede que ya entonces Hammurabi aprovechara la ocasión para echarle una mano a Zimri-Lim, ya se sabe "a río revuelto, ganancia de pescadores". Imaginamos que el avispado babilonio debió de pensar que sin mancharse las manos, ayudando a Mari, debilitaba a los asirios que eran más peligroso y más fuertes. Puede que entonces comenzara una relación de alianza entre los dos reyes y sus respectivas ciudades.

Investidura de Zimri-Lim. Fresco palacio de Mari. M.Louvre.
Las colaboraciones entre los dos gobernantes les permitió consolidar su poder en Mesopotamia mermando el de sus vecinos y reconquistando territorios rebeldes. Desde 1777 a.C. Zimri-Lim comenzó a ayudar  a Hammurabi con sus enemigos, y en 1764 a.C. incluso rechazan juntos un ataque de Esnunna que había reunido una auténtica confederación de enemigos para derrotar a los dos aliados. Un año después el rey de Mari vuelve a ayudar a Hammurabi contra uno de sus enemigos, pero esta vez no mandará tropas. Las relaciones con Babilonia comienzan a empeorar. Zimri-Lim puede estar sospechando que los babilonios han estado utilizándolo e incluso espiando su potencial bélico como futuro objetivo a abatir. Es posible que de estas fechas date el incidente diplomático reflejado en el archivo.

Sala del trono. Palacio real de Mari. Siria.
El caso es que La´um, embajador de Mari ante la corte de Babilonia es invitado a una recepción, que Hammurabi da a los representantes de Mari y de Yamkhad, el reino amorrita con capital en Alepo. El protocolo en las cortes estaba más que estipulado y para presentarse ante el rey había que ir perfectamente ataviados, para ello los encargados del protocolo de palacio entregaban a los delegados de las embajadas fastuosos vestimentas con las que acudir a la recepción. Para entendernos si querías presentarte ante Hammurabi y plantearle las demandas de tu Estado o ibas vestido de pasarela o no entrabas, pero por si acaso no tenías los medios para ir a la última, la propia corte de Babilonia te suministraba lo adecuado (vamos como cuando el suegro te deja una corbata). Así fue en el caso de la embajada de Yamkhad, a la que se le dio los aditamentos, vestidos y lujos para que fueran recibidos por Hammurabi. Sin embargo en el caso de la embajada de Mari, eso no fue así, o al menos no del todo.

Hammurabi. Estela votiva. M. Británico
La realidad es que La´um  y sus dos colaboradores más cercanos, Zimri-Addu y Yarim-Addu, sí recibieron las vestimentas y todo lo necesario para acudir a la recepción, pero el resto de los miembros de la embajada no. Los enviados de Mari se veían forzados a acudir con una representación minúscula de tres individuos o intentar colarse en la fiesta y no permitir que se humillase a los representantes de su rey. La´um lo tenía claro, si los amorritas iban todos, ellos también. Así que ni corto ni perezoso intentó entrar en la recepción con sus dos colaboradores y el resto de los enviados que incluían a los sikkum (imaginamos que una especie de vice embajadores) y los maru shipri (los portadores de regalos) considerando que no hacerlo de esta forma sería un deshonor para su ciudad. La excusa alegada por los babilónicos es que la recepción sólo es para altos cargos de la embajada, pero la realidad que los de Yamkhad acuden todos y perfectamente ataviados. La´um no va a dejarlo correr.

El funcionario encargado de las embajadas, Sin-belaplim, se planta ante los de Mari y les niega el paso, al menos a los que no van correctamente vestidos. La´um se enfrenta a él, le reprocha su actitud, le recrimina el insulto, y la mala fe al despreciarlos: "Tu nos has tratado aparte, como a unos hijos de cerda". Sólo podemos suponer como fue subiendo de todo la conversación. Los insultos dan paso a las ofensas y las ofensas a los puños: "Llegue a las manos con Sin-bel-aplim". Efectivamente el embajador de Mari y el representante de Hammurabi acaban enzarzados a golpes como dos colegiales maleducados. Los vice embajadores ofendidos se retiran: "En cuanto a los vice-embajadores, servidores de mi señor, se encolerizaron y salieron de la Corte del palacio". Es de suponer que los dos gallitos de pelea fueron separados por los soldados de Hammmurabi enterados de la trifulca por los ruidos que armaban los contendientes.

Reino de Babilonia en los últimos años de Hammurabi.
Hammurabi toma cartas en el asunto y envía vestidos para todos y finalmente accede a recibir a toda la embajada de Mari. La´um se ha salido con la suya, tal vez a costa de algún ojo morado o alguna costilla magullada, pero al menos ha salvado el honor de su ciudad, o eso cree él. Porque cuando los recibe el rey de Babilonia, éste no está del mejor humor posible. La´um que no es que fuera a esperar una disculpa, pero al menos el hombre contaría con una cierta consideración, se encuentra con un iracundo monarca que le canta las cuarenta, le llama de todo, le grita, y le viene a decir algo así como que él da vestidos a quien le sale de... Bueno, algo parecido: "¡Tu no cesas de crearme dificultades! Además ¿no pretendes hostigar mi palacio a propósito de asunto de los vestidos?¡ Yo visto a quien me place y al que no me place no lo visto! Y no es cuestión que yo cambie de parecer. A un simple encargado de legación yo no voy a vestirlo con ocasión de un banquete".

Una de las tablillas de Zimri-Lim. 1780 a.C. M. Louvre.
El embajador de Mari tiene que tragarse el orgullo y aguantar el chaparrón, el rey Hammurabi no sólo los ha tratado como inferiores, y los ha ofendido, sino que ha dejado bastante claro que no le importa demasiado lo que piensen los de Mari. Quizás Hammurabi ha llegado a la conclusión que la ciudad es ya más un peligro que un aliado. Tal vez buscaba una excusa para romper relaciones con Zimri-Lim. Si es así algún efecto tuvo que tener, ya que La´um escribe inmediatamente a su rey. Le cuenta de forma sucinta el incidente, pero le deja bastante claro que el rey de Babilonia los ha despreciado y por extensión también a él. Remata su misiva con un ¡Que mi señor lo sepa!

En 1764 a.C. o en 1763 a.C. Zimri-Lim rompe sus relaciones con Babilonia, se alía con sus antiguos enemigos, los de Malgum, y juntos atacan Hammurabi. Pero el astuto rey babilonio ya no es el débil monarca de comienzos de su reinado, con los años ha ido consolidando su reino, fortaleciendo su ejército, y vence a Mari y a sus aliados. La ciudad de Mari pasa a ser vasalla de Babilonia. Unos años después en 1759 a.C. una revuelta interna derroca al ahora rey titere, Zimri-Lim, quizás una revuelta auspiciada por los agentes babilónicos, ya que inmediatamente después el rey de Babilonia, Hammurabi, entró en  Mari, destruyó el palacio real, demolió las murallas, y saqueó e incendió la ciudad. Zimri-Lim desapareció de la historia, y su reino y ciudad fueron borrados de la escena política para siempre.  

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