SE NOS HA PERDIDO UN NAPOLEÓN

Napoleón II
NAPOLEÓN II

Cuando hablamos de Napoleón inmediatamente pensamos en Napoleón Bonaparte(1769-1821) el emperador de los franceses, o el Gran Napoleón. Si al nombre Napoleón le añadimos el numeral Tercero, Napoleón III (1808-1873), nos puede venir a la mente el artífice del Segundo Imperio Francés o incluso para los españoles al marido de la Montijo. Pero si Bionaparte era Napoleón I, y el de la Montijo era el III, ¿qué pasó con el II?¿se nos ha colado un numeral o es que nunca existió un Napoleón Segundo? Los más espabilados dirán que era el hijo de Napoleón Bonaparte, pero poco más sabremos sobre este olvidado personaje. Hoy vamos a rendirle algo de justicia e intentar conocer algo más de este olvidado por la Historia.

M. Luisa y Franz. 1813. F. Gerard
Napoleón François Charles Joseph Bonaparte (por nombre no será) nació el 20 de marzo de 1811, hijo de Napoleón I y de la emperatriz María Luisa, hija del también emperador Fancisco I de Austria. Desde su nacimiento recibió el título de Rey de Roma y príncipe imperial. El niño no podía venir al mundo en mejor casa, hijo de emperador y nieto de emperador. Pero todos sabemos como acabó su padre. En la abdicación de 1814 Napoleón I intenta salvar los derechos de su hijo al trono de Francia, pero en el Tratado de Fontainebleau le obligan a renunciar por sí y por su familia al tiempo que le exilian a la isla de Elba. La emperatriz María Luisa convence a su marido de que no es oportuno que ella y su hijo le acompañen en su destierro, de manera que la ex emperatriz y el niño marchan a refugiarse a Viena en la corte del abuelo de Napoleoncito. Es el 23 de abril de 1814, Napoleón I ya ha partido para su destierro, y su hijo marcha a su nuevo destino. No volverán a verse. El niño de tres años, despojado de los títulos de su padre, recibe a cambio los de su madre, ahora pasa a ser príncipe de Parma, Plasencia y Guastalla.

Cuna de Napoleón II. Museo de Viena.
Pero como también sabemos, Napoleón I volvió a ocupar el trono francés durante 100 días. En ese tiempo, un año después de su destierro, le devolvió el título a su hijo de Príncipe Imperial, aunque ya no el de Rey de Roma. Sin embargo el pequeño seguía en Viena, tal vez porque ni su abuelo ni su madre veían claro el futuro del papi. La segunda abdicación de Napoleón I el 22 de junio de 1815, es diferente a la primera. En esta ocasión Napoleón no renuncia al trono en nombre de su hijo, al revés lo proclama heredero y sucesor de él mismo: "mi vida política se acaba, y proclamo a mi hijo, bajo el título de Napoleón II, emperador de los franceses." La Cámara de Representantes y la de los Pares reconocieron la abdicación de Napoleón I, pero también la proclamación de Napoleón II. Se designa un Gobierno provisional que hasta su disolución el 7 de julio se refiere en todos los documentos a Napoleón II como el emperador de Francia. Por tanto del 22 de junio al 7 de julio de 1815, un niño de 4 años, que ni siquiera estaba en Francia, fue emperador del país con el nombre de Napoleón II. Con la restauración de los borbones en Luis XVIII el 8 de julio de 1815 se terminó el reinado francés de Napoleoncito.

Napoleón II. 1818-1819. T. Lawrence
Pero contando con que el niño seguía vivo y a salvo viviendo en la corte de su abuelo era de esperar que los bonapartistas y nostálgicos del emperador siguieran depositando sus esperanzas en el heredero en el exilio. Sin embargo su abuelo y sobre todo el archienemigo de su padre, el canciller Metternich no estaban por la labor de tener que volver a enfrentarse a un Bonaparte en unos años, de manera que se propusieron que el hijo de Napoleón fuera educado como un austríaco, que viera en Francia y en los franceses más que su patria, un enemigo potencial, y que ni siquiera se le ocurriera soñar con el Imperio francés o con emular a su odiado papá. Se le puso un tutor estricto, el conde Moritz von Dietrichstein, antiguo opositor de la política de Metternich, pero con una amplísima cultura, admirador de Mozart y Beethoven, que llegó él mismo a realizar pequeñas composiciones.

El muchacho, Napoleón Francisco Carlos José, iba siendo educado en la corte austríaca, y en 1818 se le concedió el título de Duque de Reichstadt, ducado de Bohemia con importantes rentas (hoy en la República Checa). De esta manera el chico de 16 años, que ya sólo responde al nombre de Franz, está cubierto económicamente, y sometido a un total lavado de cerebro bajo las estrictas ordenes de su abuelito que lo germanizó del todo. "El Aguilucho" como lo conocían los bonapartistas no podía estar más alejado del concepto que éstos podían tener de un heredero del imperio napoleónico. Mientras su madre vive su vida lejos de su hijo desde 1818 en su ducado de Parma en Italia donde se ha vuelto a casar y sólo visita a su hijo ocasionalmente, hasta que prácticamente cortan toda comunicación.

Napoleón II. 1832. L. Bucher
Mientras tanto el cachorro del corso crecía en la corte imperial, la austríaca se entiende, haciendo carrera en el ejército, y entablando buenas relaciones con los jóvenes de la corte, aunque con la princesa Sofia más que con los otros. La endogamia prolongada en la familia imperial austríaca no había dado sus mejores frutos en los tíos de Franz: El hermano mayor de su madre, el que luego sería el emperador Fernando I (r. 1835-1845) además de tener epilepsia, hidrocefalia e impedimentos en el habla era esquizofrénico. Epiléptica también era su tía María Carolina. Su tío, Francisco Carlos (padre del futuro emperador Francisco José I), aunque más normal que sus hermanos tampoco es que fuera muy espabilado. Para compensar a Francisco le habían casado con una pizpireta y ambiciosa joven, además de hermosa princesa, Sofia de Baviera (1805-1872), con la que Franz o Napoleón II, según se prefiera, intimó pronto. Y tanto intimó que algunas malas lenguas dicen que el apuesto y culto muchacho le hizo más gracia a la princesa que su propio marido, y que su segundo hijo, Maximiliano (luego emperador de México) nacido en 1832 fue producto de esa "intimidad", vamos que era hijo de Franz Napoleón. 

Sofía de Baviera. 1832. J.K. Stieler
En 1821 muere en su exilio de Santa Elena Napoleón Bonaparte, Napoleón I. Su hijo, el joven Franz, tiene 10 años. Aunque no se le suele hablar demasiado de su padre, tampoco se denigra su figura. El muchacho al entrar en la adolescencia comienza a sentir curiosidad por la figura paterna, lee sus cartas, consulta la Biblioteca Imperial, y lee las cartas de Madame de Sevigne y el propio memorial de Santa Elena de su padre. Franz aprende quién fue su padre, y posiblemente entonces recupere su lengua de origen, el francés. Tal vez la influencia de Sofia se note en el paso de la adolescencia a la juventud, pues la princesa era una auténtica bonapartista, agradecida porque tanto su padre como su hermana debían sus tronos a Napoleón I. Sofia, que sólo le lleva 6 años al Aguilucho y que se ha casado con un hombre aburrido y poco atractivo, pasa mucho tiempo con su joven sobrino al que profesa un afecto que es correspondido y que ninguno oculta (si tuvieron algo más es algo que de momento sólo quedó en el rumor antes comentado y nunca confirmado). Guapo, rubio, de casi un metro noventa el muchacho, según algunos cedió a los impulsos de la edad, es decir que se le revolucionaron las hormonas. (Se llegó a afirmar que en sus aventuras amorosas contrajo la sífilis, enfermedad que posteriormente contribuiría a su deceso).

Llega el año de 1830 y los movimientos revolucionarios agitan media Europa. En julio de ese año en las calles de París se escucha el grito de: ¡Viva Napoleón II!". Unos meses después en noviembre, Bélgica se independiza de los Países Bajos, y se deciden por instaurar una monarquía, y el nombre de Franz, entonces Duque de Reichstadt, es uno de los candidatos que se barajan como futuro rey. Sin embargo Napoleón había recomendado a través de sus cartas a su hijo que rechazara cualquier trono que no fuera el que legítimamente le correspondía, es decir el de Francia. Cuando ese mismo mes de noviembre de 1830 los polacos gritan "Viva Napoleón, rey de Polonia", y la propuesta de convertir a Franz en rey polaco llega al palacio de Viena, las cancillerías europeas comienzan a preocuparse. ¿Estarán ante un nuevo Napoleón? Como era de esperar la propuesta no prospera, y "El Aguilucho" se debe de momento contentar con hacer carrera en el ejercito austríaco y entretener sus horas libres con la bella Sofia.

Franz en su lecho de muerte. 1832. F.X. Stober
En 1832 enfermó gravemente. Congestión pulmonar, neumonía, y finalmente tuberculosis. El desgraciado Franz yace encamado en la misma habitación del Palacio de Schönbrunn que ocupó su padre tras el triunfo de Austerlitz. ¿Fueron los cuidados suficientes? ¿Se dejó morir al hijo de Napoleón? Aunque algunos han acusado a Metternich de no haber hecho lo suficiente, e incluso de no avisar a la madre del muchacho hasta que éste se estaba muriendo, es difícil que Franz, idolatrado por su abuelo el emperador, y siempre acompañado por la incondicional Sofia, que a pesar de estar embarazada de su segundo hijo, no abandonó el lecho del moribundo, pudiera haber sido desatendido.  La agonía fue larga, y los médicos lo dieron pronto por perdido. El chico consciente de su inevitable y próxima muerte deja para la posteridad un demoledor comentario: "Mi nacimiento y mi muerte, esa es toda mi historia. Entre mi cuna y mi tumba hay un gran cero".

El 22 e julio de 1832 murió Napoleón II, quien sólo fue emperador de Francia por unos días y mientras se encontraba en el exilio. Sus vísceras fueron extraídas y colocadas en una urna de plata y su corazón en un vaso canopo y repartidos luego en dos criptas. El resto de su cuerpo quedó temporalmente en Viena, ya que años después Hitler decidió su traslado a París. El führer en un supuesto acto de deferencia hacia los franceses ocupados mandó trasladar el cuerpo de Napoleón II que fue enterrado junto a su padre en los Inválidos de París, aunque el corazón y las vísceras quedaron en Austria. El solemne acto del entierro de Napoleón II pretendía ganarse la simpatía de los franceses, pero ni muerto consiguió el Aguilucho que sus compatriotas le rindieran homenaje, el grito en las calles de París era de rabia contra el invasor y lo pagó el desgraciado Franz: "¡Nos llevan el carbón, y nos devuelven cenizas!".

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